
y las llevo de paseo
al centro de mi valle
allí se bañan en el río
hasta ahogarse de placer
en la única crecida
cuyo despojo es bienvenido

allí se bañan en el río
hasta ahogarse de placer
en la única crecida
cuyo despojo es bienvenido

Nuestra cultura nos ha condicionado generalmente a controlar el cuerpo y todo lo que tiene que ver con él; todo lo contrario a entregarnos y abandonarnos, condición necesaria para disfrutar de todo nuestro potencial de seres sexuales.
Recuerdo cuando era niña un día en que me había entregado a un baile inocente donde movía mis caderas hacia delante y hacia atrás, con una espontaneidad plena, hasta que mi bienintencionada madre me dijo: “¡No bailes así! ¡eso es vulgar!”
En ese momento mis caderas, el centro de mi sexualidad incipiente, se detuvieron atónitas, mientras mi psiquis procesaba “debo controlar mis caderas a riesgo de dejar de ser amada y valorada por mi madre”. ¿te suena conocido con sus variantes?
Te invito a realizar un breve, pero profundo viaje al pasado, a recordar las ocasiones en que –siendo esos “locos bajitos” como dice Serrat- recibimos mensajes de padres, maestros u otras figuras de autoridad, que implicaron el aprendizaje de un feroz control sobre nuestro maravilloso instrumento de movimiento y placer.
¿Ya recordaste?
Tómate tu tiempo… al menos una ocasión… vamos…
¿Cuál mensaje fue? Piénsalo, recuérdalo… pero sin juzgar, por favor.
Muchos de nosotros (no me gusta generalizar) y quizás, tú, lector o lectora, hemos crecido en el control. Hubo un tiempo, ese tiempo que acabas de recordar, en que ese control fue un mecanismo de ajuste creativo para lidiar con tu entorno afectivo y de supervivencia… (un niño necesita de sus padres para sobrevivir) y allí quedó ese control grabado en el recuerdo de nuestro cuerpo, rigidizando espacios psíquicos y físicos.
Ese es el control que hoy de adulto te impide entregarte, abandonarte al contacto, a las sensaciones placenteras del cuerpo que eres. El miedo a la entrega se puede manifestar en miedo a entregarnos a la pareja sexual, miedo a perder el control del cuerpo durante el orgasmo, el miedo a perder el control sobre la eyaculación, que hace perderlo en realidad. Por otra parte, el excesivo control sobre la excitación hace que ésta no aparezca, produciéndose impotencias y frigideces. Control, control y miedo…
Pero ya creciste y tienes libertad de explorar tu cuerpo y el mundo con muchas más opciones de las que has aprendido con los mensajes que introyectaste en tu niñez. Es tu decisión hacerlo o no.
Nunca es tarde para reconquistar la libertad plena tu cuerpo y sus sensaciones y poder abandonarte sin miedo, porque lo único que puede pasarte al abandonarte es sentir, sentirte a plenitud, y sentir a tu pareja también a plenitud.
A manera de pequeño ejercicio te sugiero que pruebes conscientemente algunas de las siguientes cosas –en el caso de que no las hagas con total libertad y entrega- durante los próximos tres meses, cada vez que tengas oportunidad:
1. Mueve tus caderas cuando bailes en una fiesta, cuando estés teniendo sexo, en la medida que la excitación o el ritmo te lo pidan.
2. Emite los sonidos o palabras que te provoquen en el momento (que no te importen tus vecinos… ellos se morirán de envidia o si no, tendrán que taparse los oídos).
3. Proponle un intercambio de caricias a tu pareja, por turnos: en tu turno, tiéndete boca arriba o boca abajo y sólo dedícate a sentir cómo eres tocado por él/ella. Siente nada más; si te vienen pensamientos a la cabeza, no luches contra ellos, imagínate que –asi como vienen- se van, como nubes que son arrastradas por el viento.
¡Entrégate y abandónate! Yo aprendí… y sin duda este aprendizaje ha sido una de mis más grandes victorias en la Vida.

En nuestro post “ Músculos del placer” te habíamos comentado sobre esos músculos del piso pélvico que –además de prevenir o combatir pro-lapsos o incontinencia urinaria – tienen un impacto maravilloso a la hora de potenciar tu sensibilidad sexual y capacidad orgásmica, si los mantienes fortalecidos ¡ganancia total!.
Además de la rutina de ejercicios de Kegel indicada en mencionado post, existen sets de pesas vaginales (también llamados conos), las cuales tienen una forma parecida a un tampón, con un hilo de nylon grueso para que puedas retirarlo con facilidad; estos sets vienen con 5 pesas de igual tamaño, pero varían en su peso comenzando con 5 gr. hasta la de 55 gr.
Al introducir una pesa o cono en tu vagina como si fuera un tampón, su peso hará que la gravedad tienda a que salga, lo cual impulsará un reflejo (que al principio será atendido conscientemente) de contraer tus músculos del piso pélvico para que esto no suceda.
Se recomienda usarlos 15 minutos por la mañana y 15 minutos por la noche, de pie o caminando, comenzando por el peso menor y ejercitar al menos durante una semana o hasta que puedas mantener el cono en tu vagina involuntariamente; entonces puedes intentar con el peso que le sigue hasta la quinta semana. Esta rutina es recomendable realizarla al menos tres veces al año. A las dos semanas de iniciada tu rutina secreta con las pesas vaginales, comenzarás a observar una mejoría notable en el tuno muscular de tus músculos del placer. Es importante que vacíes tu vejiga antes de usar el cono.
Estas pesas las puedes conseguir en farmacias, preguntas por los conos vaginales, existen variadas marcas (Lady System®, Femina, Femtone) la mala noticia es que no son baratas.


Si. Tenemos derechos…sexuales ¿lo sabías?
Tus derechos sexuales son derechos humanos fundamentales y universales. Estos derechos fueron recogidos en la Declaración del 13avo. Congreso Mundial de Sexología, 1997, Valencia, España revisada y aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS, el 26 de agosto de 1999, en el 14º Congreso Mundial de Sexología, Hong Kong, República Popular China.
¿y cuáles son estos derechos?
Prueba a decírtelos a ti mismo(a), uno a uno…chequea si estás ejerciendo tus derechos, si estás consciente de ellos, los dejas olvidados en el camino o –lo que es peor- si estás dejando que éstos sean violados por otros:
1. Tengo derecho a mi libertad sexual, a expresar plenamente mi potencial sexual, excluyendo toda forma de coerción , explotación y abuso sexuales en cualquier momento y situación.
2. Tengo derecho a la autonomía sobre mi cuerpo , a tomar decisiones autónomas sobre mi propia vida sexual dentro del contexto de mi ética personal y social; esto incluye disfrutar de mi cuerpo, libre de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo.
3. Tengo derecho a mi privacidad sexual, a decidir mis conductas en el ámbito de la intimidad siempre y cuando no interfieran en los derechos sexuales de otros.
4. Tengo derecho a mi equidad sexual, a no ser discriminado por mi sexo, género u orientación sexual.
5. Tengo derecho a tener placer sexual, incluyendo el autoerotismo.
6. Tengo derecho a expresar emocionalmente mi sexualidad, lo cual va más allá del placer erótico o los actos sexuales; expresarla también a través de la comunicación, del contacto, de la expresión emocional y del amor.
7. Tengo derecho a asociarme sexualmente con libertad. Significa la posibilidad de contraer o no matrimonio, de divorciarme y de establecer otros tipos de asociaciones sexuales responsables.
8. Tengo derecho a tomar, libre y responsablemente, las decisiones acerca de si tener o no hijos, el número y el espacio entre cada uno, y el derecho al acceso pleno a los métodos de regulación de la fecundidad.
9. Tengo derecho a la información sexual basada en el conocimiento científico.
10. Tengo derecho a recibir una educación sexual integral, desde mi nacimiento y durante toda mi vida.
11. Tengo derecho a recibir atención para mi salud sexual, que abarque tanto la prevención, como el tratamiento de todos los problemas, preocupaciones y trastornos sexuales.
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