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PRELIMINARES: BANANA Y MANGO

Banana y mango1

 

El encuentro erótico puede comenzar horas, e incluso días antes de que sus dos deseosos protagonistas puedan poner a dialogar sus pieles.

¡Qué delicia es atreverse a encender y lanzar al ruedo la primera tímida cerilla de lo que será en su momento un incendio de intenso placer!

A continuación una buena muestra de un dulce y frutal pre-calentamiento (historia real):

ÉL y ELLA han amanecido juntos un sábado que promete la ocasión perfecta para un ávido empiernamiento al final de la tarde. Están desayunando, ELLA  incorpora frutas a su desayuno.

Mientras ELLA toma su banana y la desnuda, le dice a EL:

– Qué sería de la vida sin las bananas… cada vez que me como una, imagino que es tu pene…

Mientras ELLA suelta al aire mañanero tales provocadoras palabras, toma la banana y juguetea con ella, la chupa, la lame, se la mete y la saca de su boca con una gula traviesa. EL la observa con sus sedientos ojos verdes mientras en su mente se diluye totalmente la frontera conceptual y mórfica entre la banana que desayuna su mujer, y su pene que, al comenzar a sentirse objeto  privilegiado de semejantes honores, reacciona en consecuencia.

ELLA lo mira seductoramente mientras su boca se entretiene en el juego, hasta que decide – literalmente- devorarse la banana que tanto le gusta.

Un minuto después, ELLA inicia su otro ritual hedonístico con un hermoso mango -su fruta tropical preferida- de piel rojo fuego, lo pica y se come los dos cachetes en cuadritos, luego desviste el centro, lo toma con sus dedos y comienza chuparse con placer su gran semilla (pepa de mango) vestida de jugosas hilachas. ÉL la observa, y en un instantáneo y pícaro acto de venganza le dice:

-Qué sería de la vida sin tu pepa de mango… cuando te veo chuparla, imagino que soy yo quien la chupa, imagino que esa pepa es tu clítoris henchido y dispuesto y que yo lo saboreo y disfruto tal como lo estás haciendo ahora.

Al escuchar esta osada declaración, ELLA siente que los hilos de jugo de mango que corren en ese momento brazos abajo, se alían con ocultos riachuelos de manantiales surgidos en la oscuridad secreta de su entrepierna. Continua chupando y lamiendo la pepa-clítoris de mango mientras su mirada y la de ÉL se entrelazan fijamente en una danza cómplice y demostrativa de cómo le gusta a ella ser chupada.

Al final, el hambre de ELLA acabó con toda la pulpa jugosa de su mango de desayuno. El juego terminó… Por los momentos.

ÉL Y ELLA, la banana y mango del desayuno, ya habían encendido las brasas para el incendio que vendría.

Y así atravesaron el día preparándose con gula y excitación para convertirse en fruta.

                           

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